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"Después de diez años de romper con Carolina
Me di cuenta de que ella había sido mi única historia y con la unica mujer que tube hechizos de amor. Y a partir de allí no paré hasta recuperarla".
CONTRA VIENTO Y MAREA
Carolina (32) y Martín (34)
Carolina era una chica de barrio. Vivía en Lanús y era preciosa. Martín, un nene bien de Barrio Norte, alto y morocho. Hace más de 15 años, el destino aprovechó para juntarlos, como a millones de adolescentes, en Bariloche, destino favorito del viaje de egresados. Verse y enamorarse uno del otro fue cuestión de horas. "Quedé loco con ella, así que seguimos saliendo cuando volvimos a Rueños Aires", cuenta Martín 17 años después, tomado de la mano de Caro y mirándola con una dulzura increíble. Juntos atravesaron esa etapa compleja que va de la adolescencia a la juventud.
Durante cuatro años se amaron y fueron el uno para el otro. Pero igual, un día llegó el fin. "La verdad es que yo no terminaba de aceptar la diferencia social que había entre nosotros. Yo la amaba, pero veníamos de familias muy distintas y ya no estaban los hechizos de amor ", confiesa Martín, que para ese entonces cursaba su Licenciatura en Administración, mientras jugaba al rugby y veraneaba en Punta del Este. Carolina empezaba a sufrir en silencio la distancia que había entre esa vida y la suya. "Yo empecé a apurarlo. Además, mi papase murió y eso aceleró todo. Martín no se decidía y yo me vi veinte arios después, esperando a que me dijese que sí".
"En mi caso, el problema era que yo no me veía ni ahí casado y con hijos a los 22 años. Quería seguir dejada un poco más", se sincera Martín. Carolina lo intuyó y un día, con mucho dolor, tomó la decisión de dejarlo. Ella se fue a Uruguay, de donde su familia era oriunda y a intentar comenzar una nueva vida. "Me encontré con un amigo de la infancia, y algunos meses después de iniciado aquel romance salvador, Carolina se casaba 'bastante enamorada' y muy pronto se quedaría embarazada".
Mientras tanto, del otro lado del río, Martín también intentaba llevar a cabo sus planes.
"Me dediqué a hacer plata, a ascender en Microsoft, y a vivirá mil a ver si lograba de paso, encontrar una 'chica bien' para sentar cabeza. Pero a Caro... no la pude olvidar ni por un segundo", dice. Algo de eso debió ser cierto, porque ya habían pasado casi cinco años sin verse cuando una tarde, Martín se levantó a atender el teléfono. Era Carolina: "Estoy en Buenos Aires, ¿tenes tiempo para tomar un café?". "En cuanto lo vi me di cuenta de que lo seguía amando -dice Carolina-. Cuando él me preguntó ¿ y vos, estás bien ? me largué a llorar y le confesé la verdad: mi matrimonio se estaba derrumbando". |
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Ninguno de los dos olvidará jamás el abrazo intenso con el que se ¿despidieron? en la estación. Martín quedó shockeado después de ese encuentro. Ahora menos que nunca podía sacarla de su cabeza y le escribió una larga carta. "Le decía que le deseaba lo mejor, pero que la verdad es que sin ella me sentía solo". La carta cayó en manos de su marido y Carolina nunca la leyó.
La familia de Caro ya se había agrandado, había nacido su segundo hijo, pero la pareja se desbarrancaba ya sin remedio. Martín también. Diez años después de romper con Carolina, se daba cuenta de que ella había sido-de todas sus muchísimas historias- "la única historia de verdad". Una noche, le confesó a su mejor amigo que estaba pensando en intentar reconquistar a Carolina. "Mi amigo me dijo que la dejara en paz, que no le arruinara la vida dos veces y que nos fuéramos de vacaciones". Esas vacaciones fueron decisivas. "Descontrol afuera, soledad, adentro, todo mal". "Yo sentía que si no era capaz de jugarme por el amor de mi vida, todo lo demás no tenía sentido. Pero claro, no sabía cómo lo iba a tomar ella".
Lo que no sabía Martín es que, el marido de Carolina ya había dejado la casa. "Nos habíamos separado. Yo estaba destruida. Estaba dando clases de inglés en un instituto y sú mamá vino a verme con una carta en un sobre regrande. Era la letra de Martín. Me temblaban las manos. Me encerré a leerla y sentí que el corazón me estallaba. Esa noche lo llamé. Y la otra, y la otra, y la otra...." Se ríe. Martín la abraza y dice "no te imaginas lo feliz que me sentía: lo único que quería era volver a casa para llamarla, para escucharla, hablábamos horas. Le escribía cartas kilométricas. Moríamos por estar juntos". Y un día Martín cruzó el río. "Hacía casi cinco años que no nos veíamos, así que yo no sabía qué iba a pasar.
Era un pueblo chico y no quería que nadie me viese. Y como en las películas, acordamos encontrarnos en un hotel familiar para estar juntos y crear nuestros hechizos de amor, y charlar". Un desencuentro más de los que esta historia está llena, y la lluvia por supuesto, quiso que el punto de reunión fuera otro: "Es que en cuanto nos miramos nos dimos cuenta de que lo que nos pasaba era algo muy pero muy sería. Y entonces él me llevó a un hotel. No, de los familiares, no, de esos otros...". Esa noche en Montevideo decidieron que iban a seguir juntos hasta el fin de los días. Y desde entonces, Martín abandonó su ciudad y se fue a vivir con Carolina y sus dos hijos a Uruguay, desde donde absolutamente todos los días tenía que cruzar el Río de la Plata en barco para ir a trabajar. Se casaron hace tres años y tuvieron la tercera hija de Carolina, la primera de Martín, y la luz de los dos. |