La Soledad
Según investigaciones recientes, la soledad es una de las principales causas de infelicidad. Si bien la soledad no es un trastorno, se relaciona generalmente con sentimientos de frustración, ansiedad, descontento que pueden desencadenar la depresión.
Existen ciertas circunstancias que propician los sentimientos de soledad como: cambios de domicilio, ya que significan un corte con algunos lazos familiares y amistosos, las relaciones en las grandes ciudades son frías y formales; los divorcios y separaciones; las escasas relaciones con la familia amplia; el establecimiento de los valores individualistas; la competitividad; la búsqueda del éxito personal.
La soledad suele acompañarse por sentimientos de tristeza y depresión, excepto en los casos en que esta soledad sea buscada intencionalmente, cuando puede convertirse en un elemento positivo y creador, que nos permita un autodescubrimiento y mejoramiento de la personalidad.
La soledad propicia el carácter reflexivo, profundo y rico, permite desarrollar el mundo interior y la aceptación de uno mismo, que es imprescindible para alcanzar el equilibrio y la paz interior.
Pero en la mayoría de los casos, la soledad no es buscada, produce amargura y es soportada obligatoriamente por las limitaciones del propio carácter. Se presenta como consecuencia de separaciones, divorcios, pérdidas y puede acompañarse con otras problemáticas como las adicciones.
El sentimiento de soledad aumenta con la edad. Las personas mayores suelen experimentar la pérdida de la mayoría de sus afectos debido a la muerte o separación física por viajes, etc., esto produce un intenso sentimiento de soledad difícil de soportar.
Sin embargo, también los jóvenes experimentan la soledad, pues a diferencia de los mayores, no han conseguido una estabilidad en sus redes de relaciones y esto los hace sentir solos.
La vida en pareja es un antídoto contra la soledad, cuando la relación es saludable. Las personas solteras tienen mayores posibilidades de sentirse solas que las casadas o con pareja estable. La convivencia genera una sensación de seguridad y de protección que resguarda de la soledad.
El entorno del solitario:
Cuando la soledad se instala, se establecen cambios en la personalidad que se mina de creencias negativas sobre uno mismo; conducta social poco hábil; rechazo por parte de los otros; encierro en la soledad.
La depresión que acompaña al aislamiento refuerza todas las creencias negativas hacia sí mismo, con lo que se establece un círculo vicioso que se alimenta a sí mismo. La única manera de producir un cambio está en darse cuenta de lo que ocurre para lograr aceptarse a uno mismo, lo que permite que los demás lo hagan y de este modo lograr la felicidad.